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sábado, 25 de marzo de 2017

COLABORACIÓN SEMANAL EN EL DIARIO DE ALMERÍA, DE GUILLERMO DE JORGE.

COLABORACIÓN SEMANAL EN PRENSA.  ARTÍCULO EN EL DIARIO DE ALMERÍA, COLUMNA "TÁBULA RASA", DE GUILLERMO DE JORGE.

















PRESENTACIÓN DE ISABEL MEDINA EN EL CICLO DE LECTURA DEL ATLÁNTICO.

Escribir la presentación de un libro de Isabel Medina ha sido, personalmente, una responsabilidad. Observar su trayectoria literaria da vértigo. Y afrontar un esbozo, un pequeño acercamiento o una sutil semblanza de su último poemario ha sido un desafío personal que, sin duda alguna , no he podido dejar pasar. Mi primer acercamiento al discurso poético de Isabel Medina ha sido a través del primer poema “Las especies”. Una presentación de intenciones que no deja indiferente al lector, donde la autora clama por la fragilidad del ser a lo largo de la historia, a pesar de los avances de la humanidad, donde la animadversión y la ternura parece que se erigen como algunas de las posibles condiciones capitales y efímeras del ser.   Ante esa abrumadora realidad, todo esfuerzo es legítimo e insuficiente para la poeta, si con ello persevera y lucha contra un mundo indolente. “...cuando vemos ahogarse el mundo/en el mar insolente de la injusticia cotidiana[1]”, Isabel dixit. La ensoñación poética supone una herramienta para abordar esa realidad con la que no está conforme. Una condición de la voluntad que combate el conocimiento del ahora y de la inmediatez. De un presente que se muestra como un concepto o un precepto de la materia: el instante tangible del tiempo donde podemos trasformar el hech0 en potencia, el hecho en acto: “...sabíamos que Julio (Cortázar) se había quedado una eternidad entre París y tú[2]”, la autora dixit.     


El espacio poético desempeña el soporte simbólico donde se desarrolla su discurso, como así sugería Kant, no sólo como referente lingüístico, sino también como una forma de expresión de la antropología social: esa parte de la sociedad que nos persuade a compartir un mundo interior común, íntimo, donde se establecen los diferentes mecanismos de la conciencia y el conocimiento universal. Despojar del texto poético de Isabel tal premisa es extirpar el alma del poema. El universo poético que construye a través de las palabras nos sumerge más allá de las apariencias de los objetos, trasciende el carácter matérico del mundo. Nutriéndose de la tradición retórica y, por supuesto, de la literaria, para llevarnos a su realidad poética y personal, para que juntos experimentemos ese mundo que nos hace visibles y que compartimos a diario en silencio. Nos crea un cosmos poético, donde los espacios comunes nos convidan a habitar un lugar creado a nuestra medida y semejanza. Plasmando a un ser humano como centro inseparable de la humanidad que trasciende la injusticia social, estableciendo la poeta su contrato con la realidad a través de sus textos, como advertía Mauriac en sus postulados, erigiendo a la mujer y el sufrimiento como resultado inequívoco del fracaso del hombre como ser humano, erigiendo a la fémina sustancia como el combatiente que a lo largo de los siglos ha luchado por la igualdad y la coincidencia social y que, por fin, hoy viene como Sganarelle a pedir la parte que le corresponde ante las puertas del infierno. “...si me quieres, amor, quiéreme entera/porque no voy a partir en dos/el mascarón de proa de mi barco/ni a buscar la mitad de mí en el arcano de tu cuerpo[3]”. 


La autora también afronta como uno de los temas centrales del poemario la maternidad, el parto; el dolor y el miedo de engendrar; la condición de la mujer y el padecimiento. Una atributo inherente en el milagro de ser. No se posiciona ante su situación como madre o como madre de madres, sólo transmite su experiencia, el vivir cotidiano de un ser humano que es capaz de anteponerse ante cualquier circunstancia. Que no pone en tela de juicio su esencia, que no las debate, sólo las vive con la humildad que se espera en aquellas personas que sólo están destinadas a vivir las grandes gestas de la humanidad. Prueba de ello, estos versos rezan: “...la palabra... brilló en/nuestros ojos igual que brillan los ojos/de las madres mucho antes del anuncio de la vida[4]”. El verso o la línea plana le es insuficiente y plasma sutil no sólo el concepto de madre, sino que se adentra en el discurso de los deterministas de finales del siglo XIX, con un tono machadiano, o unamuniano, defendiendo no sólo la gestación como forma de trascender la vida en el plano individual, sino también a través de la palabra, esta vez como vehículo y legado de la costumbre de una sociedad. “...la palabra fin estaba escrita en el drago milenario”. Y con la palabra, Isabel Medina constata que el amor sigue siendo el eje central de la Historia. “…cómo podré borrar las palabras de amor que han cruzado/los mares solo para vernos en la limpidez absoluta/de los ojos que aprendieron a amarse…(a)”, Isabel dixit.  En ese caso, su experiencia vital; pero en todos los anteriores, de cualquier lector que se acerque al poemario. Porque la Literatura también necesita del lector como referente y receptor último del lenguaje. Un lenguaje minado de giros hacia la vanguardia, con la ausencia de los signos de puntuación, con la interlocución entre título y poema. Un lenguaje que depende no sólo de la respiración de cada persona o individuo que se enfrenta al libro, sino que también necesita de ese espacio interior y único para ocuparlo. Para germinar en él, lo mismo que lo hace la vida. 


La relación que Isabel Medina establece entre el espacio y el tiempo nos lleva a la tesitura de los físicos teóricos y al establecimiento de sus postulados a principios del siglo veinte, con Heisenberg, Börh, Einstein, entre otros. Dejando presente en este libro de poemas los lugares o territorios poéticos que frecuentamos de forma habitual para abordar el simbolismo y la conciencia de grupo, arrastrándonos inevitable a la duda existencial del todo o la nada, o la nada y el todo. “Tal vez por eso nos estremeció más el trueno/que conmovió los cimientos de los mares[5]”, la poeta dixit.  El trato del tiempo dentro de su propuesta poética no deja indiferente al lector. Por un lado, presenta estoicamente la conciencia del paso de los años, el deterioro progresivo del tiempo, los que están y los que partieron. “...merece la pena/que el carro del sol la penetre sin contemplaciones/viendo la boca entreabierta de los que han hecho definitivamente la maleta[6]”, Isabel dixit. Y por otra parte, es capaz de materializar el tiempo y hacerlo a la justa medida del lector o, en su caso, del instante vivido. Benveniste (1974: 70-81) defiende la existencia de un tiempo psicológico, el manifiesto de una vivencia que se torna diferente, según el individuo y su estado de ánimo. Sin embargo, Isabel Medina lo proyecta sobre el papel, lo hace metalingüístico, lo vierte sobre la superficie vegetal donde discurre el discurso, donde la punta del lápiz profana el territorio virgen de la creación literaria, deteniéndolo, transformándolo –la poeta es consecuente- y hace de su comprensión un requerimiento por parte del lector, quien lo asimila y convierte ese patrimonio del verbo en suyo, donde no existe el espacio, ni la materia, sólo el instante de un ser humano que se debate entre el pasado y el presente, entre la existencia y la volatilidad de la condición humana que marca el paso del tiempo según sus lecturas. Siendo la medida del tiempo, un libro. Y sus días, las hojas. “...te imaginé recorriendo las mismas calles/a la misma hora que marcaba la solapa de los libros”, escribe Isabel.   


A lo largo del poemario, Isabel Medina proclama la realidad más próxima, el detalle milimétrico que el día a día nos ofrece y que en muchas ocasiones pasa desapercibido. Y que, sin embargo, algo tan ínfimo, tan mínimo, lo puede cambiar todo, absolutamente todo. Dicen uno de sus versos: “Observé que tu mano en el pecho/anunciaba una catástrofe inminente[7]”. La autora es consciente, por tanto, del sufrimiento del mundo. Una dolencia, física y espiritual, que sabe que arrastra como ser,  que le atormenta. “...Yo/banquete de tus labios hambrientos/que no me pedirán permiso/ni dirán perdón... porque tú, ángel o demonio,/habías plantado el árbol que no tiene nombre/y devorado a dentelladas...”, la autora dixit. Y ese padecimiento existe, quizás por el mero hecho de vivir. Quizás, por el mero hecho de haber nacido mujer, en una sociedad que se antoja patriarcal y jerarquizada, que no admite el elemento díscolo, que no admite que se pongan en cuestión ciertas normas, ciertas conductas. “Uno nace y nada más/aunque le roben el paraíso y le taladren los pulmones[8]”, la poeta dixit. La humanidad lucha, combate, pugna por un nuevo concierto único donde la pesadumbre no sea el orden o la norma. Quizás, es por ello, por lo que la autora nunca sucumbe entre sus versos. Sabe que el amor todo lo puede, como decía Ismael Lö. “...el veneno del amor inventó /para siempre el antídoto de la locura[9]...”, Isabel dixit.  


Sin embargo, a pesar de todo, a pesar de usted y de mí, a pesar de los pesares, la poeta sigue en pie, alzada en contra de la inmoralidad y la infamia. Y advierte, en su condición de madre, un atisbo, una luz, un milagro que sólo unos pocos pueden hallar como redención ante el ocaso de los hombres: ser madre de una madre. “...asombrada comprobó/que el dolor, como un pájaro implume,/había hecho nido en sus ramas/mientras que los meses amamantaban/una extraña naúsea...[10]”, Isabel dixit. Pero los milagros a veces son aciagos. Son inconclusos, como los días y las noches. Y el sabor del prodigio se transforma en el cielo de la boca, como unos pájaros a punto de partir sobre el crepúsculo, para no volver nunca. “Nunca supo el tiempo-escribe la poeta-/que la noche abrigó su soledad de tierra/amamantó su fecundidad de madre/le parió su destino de mujer[11]”. Y en esa búsqueda del ser humano, de la mujer, del útero, del pecho, del barro donde los hombres amasaron la forma, nos queda una mujer, una madre, una poeta que con el ir y venir de la historia ha sabido estar en el momento justo y preciso para mantener aún viva, generación tras generación, la dignidad con la que la historia ha sido capaz de cambiar los cursos de los ríos, de levantar imperios y destruirlos, más allá de Ítaca, más allá de las estrellas de Orión. Dejando como legado sus poemas, sus versos, su vida. Una vida consagrada para ensalzar, como muchas otras personas que luchan en silencio, la dignidad y la justicia, el pan y la sal. Porque al final, ni ustedes ni yo somos hijos de Eva. Sólo somos una sutil semblanza de la materia, donde el tiempo nos enseñará su sardónica sonrisa. Una atroz deformación facial que sólo constatará que ha experimentado sobre la humanidad la mayor crueldad del mundo. Y nosotros, aquí y ahora, somos sus descendientes, somos sus restos, somos sus hijos.       


Notas aclaratorias:

[1] Poema “Juventud”, pag. 47. [2] Poema “Siempre nos quedará Paría”, pag. 22. [3] Poema “No quiero ser tu media naranja”, pag. 40. [4] Poema “La palabra”, pag. 63. a)  Poema “No tengo tiempo”, pag. 71. [5] Poema “Seguramente nunca sabremos”, pag. 24. [6] Poema “En la hora incierta de la madrugada”, pag. 36. [7] Poema “Atillas de fuego”, pag. 42. [8] Poema “Me ha llegado tu grito tu amor onomatopéyico”, pag. 28. [9] Poema “Entre mi desconcierto y tu sonrisa”, pag. 60. [10] Poemas de la serie “Opus”, pag. 30. [11] Poemas de la serie “Opus”, pag. 32.    




4º JORNADA DEL CICLO DE LECTURA .      


Viernes, 24 de marzo. 5ª Jornada:   

- 19:00h. Aula de Literatura y Mujer.        




(Salón de Actos de la Real Sociedad Económica del País)       


Presentación de Libro de poemas "Los ojos de la Lluvia", de Isabel Medina. Colección Ministerio del Aire. Ediciones La Palma, 2017.     


Acompañaron a la poeta, los escritores Ramiro Rosón, Marinálida Gloria Cabrera, Beatriz Morín, Fabio Carreiro Lago y Sandra García, que leerán textos del libro de poemas "Los ojos de la Lluvia". Colección Ministerio del Aire. Editorial La Palma, 2017.  


Lugar:

Salón de Actos de  REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE TENERIFE
C/ San Agustín, 23. La Laguna.

Intervino:
Nely Rancel,
Vicepresidenta de la Real Sociedad Económica Amigos del País de Tenerife.

Presenta:
Guillermo de Jorge

jueves, 23 de marzo de 2017

COLABORACIÓN SEMANAL EN ONDA CERO - ALMERÍA, DE GUILLERMO DE JORGE.

COLABORACIÓN SEMANAL EN ONDA CERO - ALMERÍA, DE GUILLERMO DE JORGE.


TITULO: "DEDICADO A LOS PADRES".






COLABORACIÓN SEMANAL EN ONDA CERO - ALMERÍA, DE GUILLERMO DE JORGE, EN EL PROGRAMA "ALMERÍA EN LA ONDA", CON JUAN JOSÉ DEL ARCO, PEPE BALLESTEROS Y JOSÉ LUIS VILLALOBOS.